Cada vez hay más evidencias que relacionan una alimentación sana, las actividades que estimulen la cognición y las constantes actividades físicas con una reducción del riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer (EA). Una dieta abundante en antioxidantes, vitamina B, polifenoles, ácidos grasos poliinsaturados y monoinsaturados puede ser beneficiosa en la progresión de la enfermedad.

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