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Enfrentarse a un diagnóstico de cáncer no es una tarea fácil, no sólo por la complejidad de la enfermedad en sí, sino porque es una enfermedad que tiene un gran impacto sociocultural. Cada paciente es único y su forma de responder a los tratamientos es diferente. Hoy en día el tratamiento del cáncer no se limita a la cirugía, la quimio-terapia o la radioterapia: los aspectos psicológicos y sociales que conlleva esta enfermedad son tenidos en cuenta cada vez más. Esto es así no sólo porque se ha observado que cuidando los aspectos psicológicos y sociales mejora la calidad de vida de los pacientes, sino también por la influencia que tienen durante el mismo proceso de la enfermedad.

El cáncer es una enfermedad que trasciende más allá de la problemática médica y puede afectar a las relaciones familiares y sociales del enfermo (trabajo, economía, recursos etc.). En definitiva, puede afectar a la totalidad de la persona y a la unidad de convivencia.

A partir del momento en que se conoce el diagnóstico se producen unos cambios en la vida del paciente y su familia que dependen de las situaciones individuales. El diagnóstico que recibe el paciente, y consecuentemente la familia, ponen un interrogante sobre la continuidad de las rutinas y hábitos diarios durante algún tiempo. Todo esto puede conllevar desde una mayor dependencia a la hora de tomar decisiones cotidianas, hasta un distanciamiento en las relaciones sociales.

El regreso al domicilio conlleva nuevos cambios y genera muchos interrogantes. ¿Cómo nos vamos a organizar en el domicilio?, ¿quién podrá acompañarme a tantas visitas programadas?, ¿voy a poder seguir trabajando?, etc. De nuevo la reorganización familiar es a menudo necesaria durante este período.

Todo ello repercute sobre la vida personal y familiar pudiendo verse afectadas entre otras las relaciones familiares, laborales y sociales. Cada paciente afronta la enfermedad de distinta manera, dependiendo de sus capacidades y situación personal, por tanto, las necesidades también son diferentes.

Los cuidados que precisa el paciente después de una operación o los efectos secundarios de los tratamientos (vómitos, fatiga, dolor, etc.), pueden dificultar durante un tiempo el llevar a cabo las actividades de la vida diaria que se realizaban hasta el momento. El acompañar a los niños al colegio, hacer una compra, ducharse, salir a pasear, etc., pueden ser tareas para las que necesite ayuda. En ocasiones y dependiendo de distintos factores (edad, tratamiento, situación de salud…) algunos enfermos permanecen más tiempo en su domicilio. Es probable que el paciente no se sienta con la misma energía. Tal vez, sea el momento de realizar algún cambio que le haga la vida más cómoda….

Es por estos motivos que ofrecemos un catálogo de servicios para ayudar a las familias y pacientes en las situaciones que no puedan asumir. Nuestro trabajador social le informará, orientará y asesorará sobre la opción/es que más se adapten a sus necesidades.